Cuando recibimos la factura de la luz, lo primero que solemos mirar es cuánto hemos consumido y cuánto nos cuesta cada kWh. Sin embargo, hay otro concepto al que no siempre prestamos atención y que pagamos todos los meses, incluso cuando apenas estamos en casa: la potencia contratada.
Revisarla puede ayudarte a reducir el importe de tu factura sin necesidad de cambiar tus hábitos de consumo. Te explicamos qué es, cómo saber si tienes más potencia de la que necesitas y qué debes tener en cuenta antes de modificarla.
¿Qué es la potencia contratada y por qué la pagas todos los meses?
La potencia contratada, que se mide en kilovatios (kW), determina cuántos aparatos eléctricos puedes utilizar al mismo tiempo sin superar el límite de tu suministro.
A diferencia del consumo eléctrico, que depende de la energía que utilizas, la potencia tiene un coste fijo. Es decir, pagas por ella todos los días, independientemente de que estés en casa utilizando electrodomésticos o te hayas ido de vacaciones.
Por ejemplo, si tienes encendidos el horno, la lavadora y el aire acondicionado al mismo tiempo, todos demandan una parte de la potencia disponible. Si la suma supera la que tienes contratada, puede producirse un corte del suministro.
Por eso, elegir bien la potencia es importante: necesitas suficiente para utilizar tus aparatos con comodidad, pero tampoco tiene sentido pagar por una capacidad que no aprovechas.
¿Cuánto pagas por la potencia contratada?
Aunque depende de la tarifa y de las características de cada vivienda, la potencia puede representar una parte importante de la factura de la luz. Algunas estimaciones sitúan su peso entre el 20 % y el 40 %, e incluso más en determinados casos.
Esto significa que, aunque consigas reducir tu consumo eléctrico, hay una parte del recibo que seguirá ahí mientras mantengas la misma potencia contratada.
Además, el coste incluye conceptos regulados relacionados con el uso de la red eléctrica, como los peajes de acceso.
Por eso, si quieres pagar menos por la luz, no basta con apagar las luces o utilizar los electrodomésticos de forma más eficiente. También conviene comprobar si la potencia que tienes contratada se adapta a tus necesidades reales.
¿Y si estás pagando por más potencia de la que necesitas?
Es bastante habitual contratar una potencia con cierto margen para evitar que salte la luz cuando se utilizan varios aparatos a la vez. También puede ocurrir que mantengas la potencia que tenía la vivienda antes de que te mudaras, sin saber si es la más adecuada para ti.
Con el tiempo, tus necesidades pueden haber cambiado. Quizá ahora vivís menos personas en casa, has sustituido algunos electrodomésticos por modelos más eficientes o simplemente nunca has revisado este aspecto de tu contrato.
En cualquiera de estos casos, merece la pena comprobar si puedes ajustar la potencia y ahorrar en tu factura.
Eso sí, no se trata de contratar la potencia más baja posible, sino de encontrar un equilibrio entre el ahorro y la comodidad de utilizar tus aparatos eléctricos sin problemas.
Cómo saber qué potencia necesitas en casa
Antes de solicitar un cambio, lo mejor es consultar tus datos de consumo. Hay dos formas sencillas de hacerlo:
1. Consulta tu factura de la luz.
En ella encontrarás la potencia que tienes contratada para cada periodo. Algunas comercializadoras también muestran información sobre la potencia máxima que has utilizado.
2. Accede a los datos de tu distribuidora eléctrica.
A través de su página web, puedes consultar información más detallada sobre tu suministro, incluida la potencia máxima demandada y el consumo por horas.
Con estos datos podrás hacerte una idea más clara de tus necesidades. Por ejemplo, si durante los meses de mayor consumo nunca te acercas a la potencia que tienes contratada, quizá puedas reducirla.
Es importante fijarse especialmente en los meses de invierno o en las épocas en las que utilizas más la climatización. No tendría mucho sentido bajar la potencia basándote únicamente en lo que necesitas durante el verano.
Lo que cuesta cambiarla
Aquí hay una asimetría importante:
- Bajar la potencia es barato. Cuesta alrededor de 9 euros, sin importar cuánto se baje.
- Subirla es más caro. Hay que pagar derechos de acceso, de extensión y de enganche, y el coste final depende de cuántos kW se aumenten. selectra
Por eso conviene pensarlo bien. Bajar demasiado puede obligar a subir de nuevo dentro de pocos meses. Además, una comercializadora indica que solo se puede cambiar la potencia una vez cada 12 meses.
Errores habituales
- Bajar sin tener en cuenta la climatización. Si vas a instalar aerotermia, un coche eléctrico o una placa de inducción, tus necesidades cambian.
- Mirar solo el verano. Los picos de consumo suelen darse en invierno.
- Tocar el periodo valle. Reducir la potencia en horario valle no se recomienda, porque su coste anual es muy bajo, en torno a 4 euros por kW.
- Esperar cambios temporales. Las nuevas reglas de suministro prevén cambios temporales de potencia por meses, días u horas, pero solo tendrán efecto cuando la CNMC fije cuánto encarecen el término de potencia. Por ahora no es una opción.
Revisar la potencia contratada lleva diez minutos y puede rebajar un coste que se repite todo el año. No es una decisión para tomar a ciegas: conviene mirar los datos reales de uso y pensar en cambios futuros, como nuevos electrodomésticos o un sistema de climatización eléctrico.